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Editorial del Programa ECOS del día 28 de Mayo de 2016

 

Los famosos “silos secos” como los de la central nuclear de Embalse bajo análisis

 

 

En el programa de hoy vamos a hablar de la evaluación de impacto ambiental de la extensión de la vida útil de la central nuclear de Embalse, en la provincia de Córdoba.
Estaba armando este programa, y justo la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina de los Estados Unidos publica un alerta en el que indica que el desastre de Fukushima Daiichi debería servir como un llamado de atención para los operadores de plantas nucleares y a los reguladores sobre la importancia crítica que tiene el mantenimiento y la refrigeración de las piletas de combustible gastado durante accidentes graves o ataques terroristas.
Este informe es parte de un trabajo que mandó hacer el Congreso sobre qué lecciones pueden extraerse del accidente nuclear de Fukushima Daiichi.
El comité que lleva a cabo el estudio revisó el caso con cuidado, y vio que, por ejemplo, una de las dos puertas que separaban una pileta de combustible gastado del recinto del reactor que estaba al lado, fue dañada y puso en vinculación dos sectores que no debían estar unidos. El agua radiactiva empezó a trasvasarse y a perderse el control sobre estos miles de litros.
En esas piletas se conserva para toda la eternidad, el combustible gastado de la central, que es altamente radiactivo y lo será por miles de años. Ese combustible debe estar bajo agua, no solo para minimizar la emisión de radionucleidos sino para evitar que se autoencienda, ya que está a muy altas temperaturas. Con esta rotura de una simple puerta, el riesgo se plasma en la posibilidad de que las barras combustibles queden en seco.
¿Cómo llegar hasta ahí? La radiación es suprahumana, y todo está tan roto que ningún robot teledirigido puede acercarse.
El comité que estudiaba estas cosas se dijo: ¿y si esto pasa en una central norteamericana? En Japón, en Estados Unidos y en toda central que funcione, se trata de proteger el edificio del reactor, pero… ¿y la casa de piletas adyacente? Esto es lo que alarmó a los congresistas, que recomendaron que la industria nuclear mejore la capacidad de tener bajo control las condiciones en las piletas de combustible gastado que aseguren refrigeración en caso de accidente grave o ataques terroristas.
Las mejoras recomendadas hablan de fuentes de alimentación redundantes y protegidas de sistemas de seguridad que funcionen de forma independiente si los sistemas de seguridad principales están dañados.
El comité insiste en que hay que analizar las vulnerabilidades de las piletas de combustible gastado ante un escenario de ataque terrorista, ya que no tienen en cuenta los riesgos de sabotaje, riesgos asociados a los depósitos llamados silos secos, y las consecuencias para la salud que resultarían de un accidente nuclear grave. El comité recomendó realizar una evaluación de riesgos de almacenamiento de combustible gastado para silos secos, porque no hay suficiente información disponible, ya que nunca se le prestó demasiada atención.
Yo leía esto y pensaba en la nota que vamos a escuchar ahora, en la cual vamos a hablar, como dije al principio, de la seguridad en la central de Embalse, y de sus famosos silos secos, esos depósitos de residuos nucleares de alta actividad que tuvieron que poner afuera, porque la casa de piletas ya se llenó.
Y en los muchachos de la Comisión Nacional de Energía Atómica que aseveran en el Estudio de Impacto Ambiental, que “Al no existir corredores aéreos en la zona, se descarta la colisión de grandes aviones comerciales.”
Como ve, ahí está prohibido estrellar un avión, tanto si usted es un piloto desquiciado que quiere suicidarse acompañado de todo el pasaje, como si es un terrorista que ansía llegar al cielo con huríes que lo abaniquen. Ya sabe: ahí no.